

Diferencias entre un niño movido y un niño con TDAH.
¿A cuántas niñas y niños con TDAH conoces? Seguramente a muchas y no puede ser. La infancia, habitualmente, es una época de hiperactividad que no deberíamos asociar automáticamente con un trastorno. Por descontado el trastorno por déficit de atención que algunas veces cursa con hiperactividad y otras veces no, es un problema de salud en algunos casos muy severo, que no afecta solo, aunque sí especialmente, a niños y niñas y adolescentes. No es lo mismo tener TDAH que ser movido y en este post, queremos aclarar algunos aspectos que suelen preocupar y confundir a las familias cuyas niñas o niños son especialmente activos.
Entre el 5% y el 7% de niñas y niños en edad escolar tienen TDAH. Es más frecuente en niños que en niñas.
Reacciones hipercinéticas de la infancia era como se llamaba en los años 60 a los niños y niñas moviditos, con el discurrir del tiempo se lo denominó como lo que es, trastorno por déficit de atención con hiperactividad, que no se trata de que el o la menor sea movido, eso es una cosa y el TDAH es otra cosa. Es difícil diagnosticar con certeza y total claridad a alguien con TDAH, porque los síntomas que presenta este trastorno son poco específicos y están presentes a la vez que en el TDAH, en otro tipo de trastornos emocionales o del neurodesarrollo, como puede ser alguna forma de autismo o trastornos del lenguaje. El neuropediatra Alberto Fernández Jaén opina que hay infra diagnóstico de TDAH, en su opinión profesional: Más de la mitad de niños y adolescentes no están diagnosticados y por su lado asegura, que además, bastantes de los diagnósticos no son tal, sino errores. El doctor dice que diagnosticar TDAH no es sencillo porque hasta el 80% de la población puede tener en grado leve, alguno de los síntomas que forman parte del trastorno por déficit de atención. No obstante asegura: La presencia muy frecuente de todos los síntomas que caracterizan este trastorno se encuentran en un 1% de la población.
¿En qué consiste el TDAH?
Alberto Fernández es el portavoz de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica y describe el trastorno de la siguiente manera: El TDAH se caracteriza por un patrón persistente de inatención, hiperactividad e impulsividad. Este médico experto explica que los niños y las niñas con TDAH tienen dificultades para mantener la atención en tareas o juegos, no escuchan cuando se les habla directamente, no siguen instrucciones ni terminan las tareas escolares, evitan labores que requieren un esfuerzo mental sostenido, se distraen fácilmente, pierden objetos necesarios para su actividades…
- Los primeros síntomas de TDAH suelen manifestarse antes de que el niño o la niña cumpla 7 años.
El movimiento excesivo de pies o manos, correr, saltar o moverse sin sentido en situaciones en que no es lo apropiado ni lo que están haciendo los demás, la dificultad para esperar el turno de palabra, el hecho de que interrumpa a quien esté hablando o manteniendo una conversación, que le cueste o no pueda mantenerse sentado el mismo tiempo que otros, o la dificultad de hacer actividades y juegos tranquilos porque necesite continuo movimiento, son otras señales que deben ser consideradas por las familias y eso sí, muy, muy importante es, que ninguna persona debe diagnosticar a su hija o hijo sin contar con un experto/a, pues como hemos indicado, la cosa no es tan simple como que ocurran algunos de los síntomas.
- Hasta el 50% de las niñas y niños con TDAH tienen asociados trastornos del lenguaje o del aprendizaje en diferentes grados.
Aunque en algunas niñas o niños la sintomatología del TDAH no se mostrará en toda su crudeza hasta la adolescencia, el trastorno previsiblemente, debutará en la etapa primaria, antes de los 7 años.
Entre el 60 y 70% de niñas y niños con TDAH tienen dificultades lectoescritoras en el colegio. La disgrafía que es la dificultad o incapacidad de escribir bien, afecta a la mitad de escolares con TDAH, y entre un 20 y un 30% tiene mal desempeño en matemáticas. Por otra parte, entre un 33 y un 47% tiene problemas también en el apartado motor, trastorno de la coordinación y a nivel emocional, estos niños sufren problemas de autoestima y dificultades en las relaciones sociales, asegura el doctor Fernández de la Asociación Española de Neurología Pediátrica. Es evidente por tanto, que el TDAH es algo muy serio que no conviene confundir en ningún caso con un niño movido.
Tampoco queremos angustiados de más, dos de las redactoras de opinionescolegios hemos sido diagnosticadas con TDAH en la infancia y tratadas, con alguna dificultad añadida, pero eso no nos ha impedido tener estudios universitarios y llevar una vida totalmente normal.
¿Se cura el TDAH?
No, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad no se cura, el niño o la niña con TDAH no puede dejar de comportarse como se comporta, no se le debe castigar ni reprender duramente, porque no es decisión suya hacer según qué cosas. Este trastorno es una alteración evolutiva que afecta a la maduración de algunas de sus funciones mentales y a su desarrollo. No obstante, aunque quien tiene TDAH lo continuará teniendo toda su vida en mayor o menor medida, sí es posible con el tiempo, con un tratamiento eficaz y en ocasiones con medicación, mitigar o eliminar incluso los síntomas de TDAH y con ello, las consecuencias negativas que comporta. El TDAH tiene un componente genético importante que determina hasta el 70% del trastorno, no todos los niños y niñas heredan el TDAH, pero es un factor de riesgo importante. Encontrareis más información sobre este trastorno, en la web de la Federación Española de Asociaciones de Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad.



Diego Arjona
- abril 1, 2026¡Buenos días a todos! Acabo de leer el artículo sobre las diferencias entre un niño movido y uno con TDAH y no puedo estar más de acuerdo con el enfoque que plantea. En un momento en el que parece que cualquier niño con energía extra es rápidamente etiquetado, este tipo de lecturas son fundamentales para nosotros, los padres y educadores.Lo que más rescato del texto es la distinción sobre la funcionalidad. Un niño ‘movido’ simplemente tiene un motor de alta cilindrada: le encanta explorar, es curioso y, aunque nos agote, su energía no suele impedirle hacer amigos o seguir el ritmo escolar si el tema le motiva. En cambio, en el TDAH, como bien apunta el artículo y refuerzan muchos especialistas en redes (como la conocida Lucía Mi Pediatra), el movimiento es solo la punta del iceberg. El verdadero problema es la autorregulación.Investigando un poco más sobre lo que dicen los expertos actualmente, hay tres puntos que me gustaría añadir para enriquecer el debate:El interruptor de ‘apagado’: He leído a varios psicólogos infantiles explicar que un niño movido suele tener un ‘interruptor’. Tras una tarde de parque o deporte, puede sentarse a ver una película y relajarse. Un niño con TDAH, a menudo, parece tener un motor que ‘no se apaga’ nunca; incluso agotado físicamente, su mente sigue a mil revoluciones, lo que a veces deriva en crisis de llanto o frustración por puro cansancio.La intención vs. el impulso: El niño movido corre porque disfruta del movimiento. El niño con TDAH muchas veces se mueve de forma involuntaria para intentar concentrarse o liberar una tensión interna que no sabe gestionar. Es una necesidad neurobiológica, no una falta de educación o de ganas.El impacto emocional: En comunidades de padres en Instagram y foros especializados, se hace mucho hincapié en que el TDAH suele venir acompañado de una baja autoestima porque el niño ‘sabe’ lo que tiene que hacer, pero su cerebro no le deja ejecutarlo. Esa brecha entre el ‘querer’ y el ‘poder’ es lo que realmente marca la diferencia diagnóstica.Como usuarios de esta web, creo que nuestra responsabilidad es no caer en el autodiagnóstico pero sí estar alerta. Si el movimiento de nuestro hijo o alumno le está generando problemas para mantener amistades o un retraso escolar persistente, es cuando hay que buscar a un profesional. Pero si solo es un niño ‘terremoto’ que es feliz y evoluciona bien, ¡celebremos su vitalidad!¿Alguien más ha tenido la experiencia de dudar entre ambos casos? Me encantaría leer vuestras opiniones.
Moises Elias
- marzo 17, 2026Como usuario interesado en el ámbito educativo, mi impresión sobre el artículo de la web es bastante positiva, ya que aborda una duda muy habitual entre familias y docentes: diferenciar entre un niño “movido” (activo por temperamento o etapa evolutiva) y un posible caso de TDAH.
En mi opinión, el contenido resulta útil porque insiste en una idea clave que a menudo se pasa por alto: no todo comportamiento inquieto implica un trastorno. Esto es especialmente relevante hoy en día, donde existe cierta tendencia a etiquetar rápidamente a los niños. Tal y como también señalan especialistas, el TDAH es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por inatención, impulsividad e hiperactividad que debe generar un impacto significativo y persistente en la vida del niño (académica, social o familiar) para considerarse como tal .
El artículo acierta al destacar que la diferencia no está solo en que el niño se mueva mucho, sino en cómo ese comportamiento afecta a su funcionamiento diario. Por ejemplo, un niño movido puede concentrarse cuando algo le interesa, respetar normas o mantener relaciones sociales adecuadas, mientras que un niño con TDAH suele tener dificultades constantes en estos ámbitos . Esta distinción es fundamental para evitar diagnósticos precipitados.
Desde mi experiencia y lo que se comenta también en foros y redes educativas, muchas familias viven con preocupación esta cuestión. Es frecuente leer testimonios de padres que inicialmente pensaban que su hijo era “simplemente inquieto”, pero con el tiempo observaron problemas reales de atención, impulsividad o adaptación escolar. Esto coincide con lo que indica la literatura: cuando el TDAH no se aborda adecuadamente, puede derivar en dificultades académicas, emocionales y sociales .
También me parece importante añadir un matiz que quizá el artículo podría reforzar más: la importancia de una evaluación profesional completa. Hay consenso en que el diagnóstico no debe hacerse a edades muy tempranas y que muchos comportamientos forman parte del desarrollo normal infantil . Además, existe cierto debate social sobre el posible sobrediagnóstico, lo que hace aún más necesario actuar con prudencia y basarse en criterios clínicos sólidos .
En definitiva, considero que es un artículo claro, divulgativo y muy pertinente para familias y docentes. Ayuda a desmitificar el TDAH y a entender mejor el comportamiento infantil, aunque siempre recordando que cada caso es único y que la observación continuada junto con la orientación profesional son clave en el ámbito educativo.